Por: Rmsad
Ahí estaba yo, tendida en la cama, mirando el cielo y gritando en silencio que alguien me socorriera. ¡Suena el teléfono! Era una amiga, pidiendo también ser rescatada. Salté de la cama, me vestí y salí corriendo en su ayuda.
Éramos dos pasándolo muy, muy mal, atrapadas en situaciones horribles. Le conté que moría por dentro, respirando como pez fuera del agua, me dice:
–¡Vamos a buscar tus cosas!
Sin pensarlo dos veces, la seguí en silencio, con miedo, pero también, muy por dentro, me sentía valiente y segura…
Me llevó mucho tiempo unir las partes rotas, varios años de diversas terapias, conversaciones, canciones “cebolla”, largas tertulias con amigas… Y así, hasta que estuve preparada, y otra vez le pedí al cielo que me cambiara la vida.
Dibujo: @veronica_aliagagomez
