Año Cuarenta

Por: Marena Arroyo

Si mi yo del futuro me hubiera venido a decir que a los cuarenta un día me encontraría escribiendo en el baño de la casa de una amiga mientras mis niños duermen en el cuarto de al lado porque la noción de espacio personal en mi vida se vería drásticamente recortada entre la crianza y el matrimonio, al punto que, a falta de un cuarto propio, el baño se volvería mi refugio, no le habría creído nada.

No duermo de todo lo que quiero decir y no sé por dónde empezar. Año cuarenta en cuarentena, menuda combinación. Adoro a mis hijos, y siempre me gustó estar acompañada ¿o me dio miedo estar sola? Un poco de las dos. Adoro a mis hijos, pero me aprieta el matrimonio, me asfixia. Siento que me crecen alas, quiero volar, es un momento de florecer creativo, de abrirse, de decir, de bailar, de sanar. De recrear lo colectivo. Mi marido es un ancla pesada, que no quiere ver para adentro de sí, que me culpa por todo, con miedo de perderme y perdiéndose él en su laberinto.

Para mi yo del pasado, la que yo era en mis veintes, cuarenta era lejano, era ya la tercera edad. En los treintas, asustaba un poco su cercanía, y su inevitabilidad, especialmente a partir de la vuelta de la esquina a los treinta y cinco. Llegar a los cuarenta es, sin embargo, un logro, un orgullo, una razón para celebrar y renacer. Y me tocó en este año de tanto sufrimiento colectivo, personal, cósmico, de tanta muerte real y figurada, un año de encierro y de ver el mundo tan crudamente, deshaciéndose por todos lados. Un mundo enfermo de odio, de plástico, de mentiras, saturado, en el que renacer es una necesidad y una responsabilidad grande.

Cada minuto es vida, y la quiero vivir plenamente, y libre, sobre todo, libre.

Quien quiera caminar a mi lado, siendo cada uno su propio centro, es bienvenido. Pero atrás, no voy más. En realidad, nunca fui ese tipo de mujer que iba detrás de un (gran) hombre, aunque traté más de una vez de hacerlo, porque siempre me gustó estar acompañada (¿o me dio miedo estar sola?).

Las palabras repetidas de mi marido me habían confundido un poco. Ya estoy despertando y la luz alumbra cosas que no quise ver. Su brillo es brutal, de una precisión irrefutable. La noche de la lactancia y las hormonas, la oscuridad de las expectativas y las culpas de los dos se despejó, mostrándome una constelación, el mapa completo.

Cuarenta años me ha tomado darme cuenta de que hay tantas maneras de estar acompañada. La pareja, es una opción entre tantas, y que tal vez, para mí, que quiero ser libre y seguir mi propio camino, funcione más una comunidad de mujeres y sus crías, y que los hombres sean libres de ir y venir. Pero quedarse, solo con invitación y por tiempo limitado.
                                                                                                                 (Berkeley, 4 de Abril 2021)


CODA, desde mi yo del presente

Recordaba haber escrito este texto, recordaba ese momento. Semana Santa 2021. La primera vez que me atreví a tomar el auto y aventurarme a la carretera sola con mis dos hijos en esta nueva tierra que ahora es nuestro hogar. Nuestro primer fin de semana de solo los 3.

Yo había manejado toda mi vida, pero bastaron unos años lejos de mi país y sumergida en cierto tipo de relación para reducir mi confianza en mí misma. Igual soñaba con hacerlo, y esa fue la primera y única vez que mi ex marido nos permitió irnos de fin de semana sin él, y que pude convencerlo de que no tenía que llevarnos y recogernos. Un ofrecimiento superficialmente generoso pero que yo ya sentía su mordida, otro mecanismo más de control, pues dependeríamos de él para movernos.

Me tomó un tiempo encontrar el texto entre archivos digitales que se acumulan con los años. Lo busqué como quien hurga en cajones olvidados en busca de un pequeño tesoro cotidiano, un objeto cuyo valor no depende de nadie más, solo de mi propia historia. Al encontrarlo y releerlo, me embargó de nuevo su fuerza, su frescura, su calidad de manifiesto.

Hay cosas que se han suavizado, el paso del tiempo hace lo suyo, los procesos y caminos andados abren nuevas perspectivas. Pero sin esa yo del pasado que tomó las riendas de su vida con la urgencia y determinación que ello requería, esta nueva suavidad no sería posible. Le agradezco a ella que tomó el necesario impulso para el cambio y los retos que se venían…el salto que tocaba dar, sin garantías.

A veces cuando las mujeres nos paramos firmes sobre nuestros dos pies, ponemos límites, hablamos con firmeza, y somos claras en nuestro deseo y dirección, ciertos hombres se ofenden, sienten que los odiamos, que es personal, y no es así.

Todavía en la segunda década del siglo veintiuno, muchos de ellos no están acostumbrados a aceptar perspectivas contrarias a las suyas y nosotras estamos abriendo nuestras alas y seguimos aprendiendo a ocupar nuestro espacio, ni más ni menos. Estamos encontrando nuevas maneras de convivir en espacios íntimos e interacciones cotidianas, en pareja, en familia, en el trabajo, en todo ámbito. Si un regalo tuvo el encierro de la pandemia es que aceleró estos procesos pues era imposible no mirar y no había espacio ni distancia para esconderse, para pretender que todo iba bien.

Ahora soy libre de ser quien soy, y estoy rodeada de amor. Me liberé no solo de una relación sino de ideas, ataduras y miedos que yo cargaba sobre cómo tienen que ser las cosas incluso sin darme cuenta y muy aparte de mi ex marido.

Me liberé de todas las “fiestas que llevé en paz” a costa mía. Porque, ¿qué fiesta es gratis? Siempre alguien paga, “siempre alguien termina limpiando los platos rotos” o sucios, y ese alguien suele haber nacido mujer. Me liberé, lo hice yo, y lo hice bien acompañada a cada paso, no estuve nunca sola.

Mi año cuarenta empezó en encierro, pero la década cuarenta es de libertad y comunidad. Y alegría. Y, aunque no lo esperaba, de encontrar nuevas formas de ser pareja, sí. Pues cual conjuro del manifiesto del año cuarenta, llegó quien quiere caminar a mi lado y también por ratos solo y definitivamente es su propio centro, aceptando que yo soy el mío. Lo honro, lo disfruto y lo celebro mientras sigo aprendiendo día a día a quererme a mí misma, con mis luces y sombras, y a confiar en la vida, con todos sus retos, grandes y chiquitos.

Como mamá de dos niños, sé que tengo una gran responsabilidad de cuidar con suavidad y presencia a esos futuros hombres que caminarán la tierra. 

(Davis, 13 de Marzo 2025)

Una respuesta a “Año Cuarenta”

  1. Avatar de Rafaga
    Rafaga

    Lo disfruté mucho.
    Eres brava!